El tripulante y la búsqueda

A la vuelta de la esquina está un verbo sin presagio, ominoso, vetusto acompañante sin hurgar. Levanto la mirada, hojas de entre los árboles se frotan formando algunas sombras que limitan el celeste.

Me detengo y guardo la ansiedad en el ideario colectivo. Me contengo submarino en el diluvio de la inspiración, es el borde de esta ciudad.

Me detengo por el olor de una cafetería entrometida, Pido un doble cortado y un periódico olvidado, leo, párrafos estructurados con antropología diurna. El café envuelve la garganta, en medio del sinsabor de la lectura es que rompo el periódico en partes, tiro los trozos en la mesa, me quito el casco, tomo un pedazo al azar, lo pongo en la boca y mastico, me sabe a lija delgada, se transparenta en mi paladar, y no puedo más que pasarlo con un sorbo de café, pero súbito, un párrafo de la garganta quiere salir a retozar.

Lo tomo de la esquina, lo dejo sobre al mesa, y escribo:

- Los relatos son pedazos de la memoria, erigiendo historias a partir de verdades personales, pero al escribir estos se dividen entre dos semejantes, como en un intercambio de miradas, ya después, deviene en una crónica colectiva, como en un periódico.-

Termino, me levanto del asiento y recojo los papeles que quedan en la mesa, los tiro en la basura, no quiero leerme después como el tripulante que no pone los trozos de vida en su lugar.

No hay mentiras en la sien y me voy haciendo recuerdo.

El relato, por hoy, quedó atrás.